El origen del estrés
Imagina un hombre prehistórico bebiendo agua en un río. Está tranquilo, absorto por la agradable sensación que le produce saciar su sed. De pronto, un mal presagio le eriza la piel. Se gira hacia su espalda y ve a unos 50 metros un tigre atlético que se dirige hacia él.
Su corazón empieza a latir a toda velocidad y su respiración se acelera. Tiene los ojos abiertos como platos y se siente asustado. Instintivamente sale corriendo y trepa sorprendentemente hasta la copa de un árbol, justo antes de que el tigre le alcance. El felino trata de saltar y alcanzarle, pero el hombre se encuentra a salvo en altura.
Este puede ser un ejemplo claro del sentido biológico del estrés. Una activación masiva de nuestro sistema de supervivencia ante un peligro inminente que podría costarnos la vida.
Sin embargo, si el estrés es un mecanismo que facilita nuestra supervivencia en momentos críticos… ¿Por qué existe esta idea generalizada de que el estrés es malo?
Fisiología básica del estrés
El Sistema Nervioso Autónomo Simpático, ubicado en la región torácica y lumbar de la médula espinal, es el encargado de activar nuestra respuesta de estrés. Esta activación genera una serie de síntomas funcionales, de los cuales podemos destacar:
- Aumento de la frecuencia cardiaca y la presión arterial para llevar sangre a los músculos y prepararlos para el ataque o la huída.
- Dilatación Pupilar para tener una visión periférica, aumentar el campo visual, para así ofrecer el máximo de posibilidades a nuestra supervivencia (subir a un árbol cercano, agarrar un palo o una piedra para defendernos, o buscar una cueva o agujero donde escondernos).
- Dilatación Pulmonar para incorporar mayores cantidades de oxígeno, fuente de energía del cuerpo.
- Segregación de Noradrenalina, Cortisol y Cefalina para mantener un estado de excitación y activación que permita tomar decisiones rápidamente.
Es por este motivo que cuando estamos estresados podemos experimentar sensaciones incómodas como taquicardia, sudoración o fatiga.
Así pues, el estrés es el conjunto de respuestas que ofrece el organismo ante una situación de peligro. El estrés no es ni bueno ni malo, pero puede ser funcional o disfuncional. El sinsentido aparece cuando de pronto, a diario, nos estresamos por situaciones irrelevantes que no tienen nada que ver con nuestra supervivencia. El cerebro reptiliano, nuestra estructura más antigua, simplemente reacciona a todas aquellas situaciones por las que nos preocupamos. De manera que si nos preocupamos porque el vecino no nos ha saludado esta mañana, es probable que nuestro cuerpo active los sistemas de alarma. Lo más paradógico en este sentido es que el cuerpo es capaz de activar la misma respuesta de estrés ante una situación de vida o muerte, que en una discusión acalorada con un amigo o con la pareja, o por no encontrar nuestra camisa de los domingos en el cajón donde suponíamos que estaría.
Estrés y estilo de vida
Este es el gran problema: nuestro estilo de vida y nuestra manera de procesar e interpretar las cosas que ocurren en el día a día nos lleva a mantener activado el estrés gran parte de nuestro tiempo. Por este motivo, los mamíferos que viven en libertad están exentos de enfermedades psicosomáticas. En este sentido es muy recomendable la lectura de Por qué las cebras no tienen úlcera. En este libro, el investigador y profesor de Stanford, Robert Sapolsky, explica que las cebras tienen verdadero terror cuando se acerca un león. Ahora bien, una vez este ha cazado a un miembro de la manada, el resto se relaja de inmediato y se pone a pastar al lado del depredador. No hay interpretaciones añadidas, ni dramas, ni victimismos, ni darle vueltas una y otra vez a lo que ha ocurrido. Simplemente la vida fluye en cada instante.
¿Vale la pena estresarnos por cosas irrelevantes? En realidad, nuestro Sistema de Alarma se debería activar solamente unas pocas veces a lo largo de nuestra vida. De hecho, el estrés crónico es uno de los factores más nocivos para nuestra salud. La segregación permanente de cortisol y catecolaminas pueden derivar en ansiedad, depresión y otros trastornos mentales. Y es más, las consecuencias pueden alcanzar a los sistemas cardiovascular, neuroendocrino, inmunitario y nervioso central.
No parece un juego de niños cuando además se empieza a relacionar el estrés crónico con la aparición del cáncer. Literalmente, así lo cuenta Pere Gascón, oncólogo del Hospital Clínic en la entrevista que le hizo El Periódico en julio de 2017.
La buena noticia es que se puede vivir sin estrés. Al menos sin ese estrés inútil y disfuncional. Disponemos de un sistema anatómico capacitado para desactivar el estrés. Se trata del Sistema Nervioso Autónomo Parasimpático, ubicado en los nervios que recorren la médula espinal desde el encéfalo hasta el sacro. La función principal de este sistema es el ahorro de energía y la activación de procesos de dosificación energética. En este sentido, no existe ningún proceso que genere más desgaste energético que el estrés. Por este motivo, cuando estimulamos el Sistema Nervioso Autónomo Parasimpático, lo primero que ocurre es que se produce una desactivación de los sistemas de alarma.
Si sigues leyendo este blog, podrás descubrir estrategias y mecanismos fáciles de aplicar. Así dispondrás de recursos que puedan estimular tus sistemas de relajación a lo largo del día. El cambio sí es posible.
Nos vemos en el siguiente artículo. Te envío un abrazo enorme y todo mi apoyo en tu proyecto de vida.
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Gracias por estar ahí.



1 comentario en “Lo más importante que deberías conocer sobre el estrés”
Buen domingo, Benjamin!
Me encanta este para simpático 💜
Respiro. Observo y doy cuenta.
Mucha paz para ti, tmb💕